Les dejo una nota muy interesante y descriptiva referida a la actualidad del seleccionado nacional. La misma fue publicada por Diego Quinteros para el diario La Nación:
Qué difícil es analizar un proceso de largo aliento sin tener en cuenta los resultados recientes. O, con mayor precisión, qué difícil se hace sostener un proyecto a largo plazo cuando las derrotas se suceden una tras otra, horadando la confianza y el espíritu de un plantel. Que lo diga el DT Jon Uriarte, si no, que ve cómo su intención de establecer una estructura para la nueva generación del voleibol argentino encuentran freno en una cadena negativa que echa un manto de duda sobre todo el ciclo.
Se trata éste de un momento crucial para el proyecto que encarna Uriarte. Porque, aunque se asuma que el camino elegido es el correcto, tampoco se puede dejar de lado que el equipo lleva 16 derrotas en continuado. La estadística no es todo: lo peor es que en la cancha no hay señales de una recuperación. Existe una absoluta falta de confianza individual y colectiva. Así, salir del pozo anímico y de juego se hace cada vez más difícil.
El objetivo está en el largo plazo, y es generar el recambio que necesitaba el seleccionado. Por años se descansó en una generación de la que Marcos Milinkovic es el único sobreviviente. Y no se trabajó para reemplazar a esos hombres. Hoy se está ante las consecuencias de esa falta de previsión.
Como todo proceso que implica una profunda transformación de una matriz de pensamiento, el entrenador recibe algunas críticas. Hay quienes le cuestionan que aceleró el recambio de manera radical. Otros sugieren el llamado de históricos para recomponer el presente (los más osados hablan del Negro Elgueta, que tiene 37 años y cuyo mejor momento fue hace algunas temporadas). Aceptar esta opción sería ir en contra de los lineamientos, y Uriarte no está dispuesto.
Sea como fuere, el DT también deberá hacer un replanteo de la tarea que lleva adelante desde hace 15 meses, y buscar las causas por las que no puede transmitirle al equipo la energía que él reclama y que aprendió del coreano Sohn, ese espíritu ganador que tanta falta hace en un plantel.
En la Federación están dispuestos a respaldarlo, a pesar de los problemas que las derrotas traen: sponsors que se caen; amistosos que no se concretan; la renovación del contrato de televisión con la Federación Internacional, requisito indispensable para seguir jugando la Liga Mundial. Sin embargo, lo que está en juego es mucho más importante que el apoyo al entrenador. Lo que aquí se define es la posibilidad de que el voleibol argentino (y el deporte en general) tenga un proyecto serio por fuera de las situaciones coyunturales. Nada menos. Ese sería un gran éxito en sí mismo, más allá de esta cadena de derrotas.
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